jueves, 6 de septiembre de 2012

Cómo invocar un ángel

Cuando se necesita un ángel urgentemente, él ya lo sabe. Pero puede invocarlo para pedirle ayuda sin necesidad de que sea grave y apremiante la situación. Si este es el caso, es mucho más aconsejable que busque seguir un orden que la afirme en cada paso y le dé fuerza.
Para empezar, aquiete su mente. No pretenda invocar un ángel en medio de la furia, o el temor descontrolado.


En segundo lugar, confeccione su pedido, escribiéndolo según las indicaciones anteriores.
En tercer lugar acuda a los llamadores de ángeles:  música, perfumes, velas y textos de elevación espiritual, salmos o las oraciones  que conoces y aceptas,  como un Padrenuestro.
En cuarto lugar, prepare su corazón: asegúrese de que su propósito es correcto y que en su pedido dice lo que verdaderamente quiere obtener.
En quinto lugar, ponga en palabras su fe, con una afirmación. Por ejemplo:” Creo en Dios, Creador del Cielo y de la Tierra, y en su infinito poder para darme el don de la salud, el amor, la alegría y la prosperidad. Creo en los sus ángeles y en su divina intervención.”

Invoque al ángel o ángeles por su nombre o clase, llamándolo directamente. Si puede hágalo con voz audible.
Formule su pedido.

Agradezca, por último, la atención que le ha sido dada y el don de comunicarte, así como las gracias que ha recibido. “Te agradezco tu presencia y la buena voluntad hacia mi ruego”, puede decir. O quizás” Gracias por escucharme y darme tu amor”.

Espere la respuesta.

Los ángeles  se comunican de diferentes maneras. A veces, a través de sensaciones, como un calor intenso y vivificante que se expande en nuestro interior. También por una alegría especial, diferente a otras que hemos sentido; también, ante la contemplación de la belleza, podemos sentir una energía especial en el ambiente que nos habla de un ángel en las cercanías.

Siempre se trata de sensaciones que provienen no de nuestros sentidos habituales, sino de otros que podríamos llamar sutiles, hay quien los llama místicos, y provocan a respuestas puras, espirituales, no al deseo de satisfacción. Es como si algo se nos acomodara dentro de nuestro ser.

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